Categoría: Divagaciones

Sosiego de Barcelona

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[Cielo en Plaza España – Barcelona]

Los días pasan con sosiego en Barcelona. Tanto que un poco de angustia no vendría mal para no perder la costumbre.

Me topo con el Libro del Desasosiego de Fernando Pessoa y lo compro para revolverme un poco, tanta calma. Leo que lo ha traducido un señor que se llama Perfecto E. Cuadrado y lo ha publicado una editorial llamada Acantilado.

Luego dicen que la realidad es aburrida cuando en ella, uno se encuentra hechos así de peculiares a cada rato. Fuera de la ficción de nadie, dos nombres, arropando un libro que compila la ausencia de paz en el alma.

Divagación post-electoral navideña

Luego de una travesía llena de inconvenientes y retrasos, llegué a Barcelona este sábado pasado a pasar las fiestas con mi hermana, la rusa joropera y a deslastrarme un poco de la atmósfera asiática.

La diferencia de horas y el viaje accidentado me cansaron más de lo acostumbrado y es ahora que me estoy recuperando, con más ganas a dejarme caer por el blog y los de los demás.

Esta ciudad es tan placentera y vivible que es como un sueño, tras dejar atrás el caos y la muchedumbre de Dhaka. Me dispongo a disfrutar de esta estadía. De ser posible visitar gente amiga en Madrid y Holanda. No darle mucho al coco. Leer en español. Ya me empecé La Enfermedad de Alberto Barrera con toda la anticipación del mundo. Iniciaciones de Israel Centeno, no lo encontré anteayer, cuando hice mi primera compra de libros, pero ya lo conseguiré en estos días. Está en la base de datos del FNAC, así que es cosa de volverlo a pedir.

He leído las reflexiones post-electorales y siento un consenso en que los resultados dentro de todo fueron buenos. Percibo, en general, confianza en esos resultados y en el futuro de la oposición bajo una dirigencia orientada hacia la estrategia y no la reacción veloz e impensada. Leo respeto hacia la responsabilidad de Rosales en reconocer el resultado. Hay las voces más apocalípticas, los regadores del rumor de las conspiraciones y componendas. Pero son los menos. Todos los escenarios que señalan podrían ser verdad, pero el proceso fue concreto, las evidencias fueron concretas. Lo demás son hipótesis. Las pruebas abrumadoras de la abstención en los estratos de clase media y en los segmentos de edades más productivos de la población suscitan preguntas. Así como la participación de los estratos más bajos producen respuestas. Hay lecturas que hacer de estos resultados electorales, y trabajo que juega garrote por hacer para integrar en la responsabilidad democrática a los abstensores.

El trabajo no sólo es de la oposición. La abstención es siempre la duda. ¿Se está haciendo tan bien? ¿Se está haciendo tan mal? ¿O realmente da igual?

Cualquiera que sean la tendencia y el escenario escogidos que más se acomoden a lo que uno cree, hay trabajo por hacer. El país no está bien. Y declarar lo contrario es querer tapar el sol con un dedo. El país no está bien y es responsabilidad de todos. Y la responsabilidad de todos, cualquiera que sea el color que más nos guste o favorezca, es hacerlo avanzar dentro de los caminos democráticos.

Pero ya tenemos seis años por delante para seguir discutiendo, analizando, para estar de acuerdo o disentir. No hay prisa y eso es una ventaja. Podemos prepararnos, podemos trabajar en pos de lo que aspiramos.

Y cómo no hay prisa, pues es mejor dejar entrar el espíritu de las fiestas de fin de año y darle un hiato a la inquietud política. Olvidarnos de la preocupación existencial. Dejar reposar al guerrero que llevamos por dentro. Aposentarnos en el hogar y disfrutar de nuestros tesoros: la familia y los amigos. Ensimismarnos en lo que nos gusta. Degustar una buena comida, «enrumbarnos», leer el libro pendiente, salir de compras dentro de lo que se puede, echar el viajecito relajador o ponernos al día con el cine y darnos maratones de películas en casa. Lo que más nos guste pues. Las oportunidades están allí para momentos de felicidad y paz. Sólo hay que aprovecharlas.

Hay días

Hay días en que el mundo deja de existir.

Son días en que la realidad se trastoca en una escenografía de acuario y gelatina, y el movimiento es un continuo y lento retorno. En esos días, las noticias resbalan en uno y se escurren debajo de la puerta para salir y no volver. No hay nada que dé calor a las emociones ni nada que importe sino la circunstancia interior, que en esos días en particular, es inamovible.

A veces,
la soledad
te pasa por al lado
y te roza
con levedad,
pero terminante
y su toque aunque breve
te embiste
y accorrala
como una bestia
hambrienta.
Te deja fría
el alma
siempre
sin escape

La otra luna

Así como hay atardeceres mercúreos en Dhaka,
hoy la luna anda a medias y está guerrera.
Naranja en medio de un cielo negro sin estrellas,
denso como todos los cielos de Dhaka.

Está asomada como una sonrisa sin rostro,
o como un último molusco en un mar de pesadilla.

Los cielos más raros los he visto acá.
Los más extranjeros.

Pero la luna era la misma hermana de siempre.

Hoy es extraña.

No es la luna terrícola acostumbrada,
plateada y mística,
flotante.

La de esta medianoche está incrustada en la oscuridad con luz ominosa.

No sabía que la luna pudiera ser otra.