Por fin se estrenó la película El código Da Vinci, y ha roto récords de taquilla. No era para menos. Las historias paralelas de escándalos de plagio, indignación de la iglesia, desmentidos del Opus Dei, etc., han sido más interesantes que el libro mismo.
Me acerqué a la novela pensando que se trataba más sobre Leonardo Da Vinci que sobre la teoría del Santo Grial entendido como la descendencia de Jesús. Esta teoría ya me la había digerido con la lectura del The Holy Blood and the Holy Grail unos años antes, traducido al español como El Enigma Sagrado de los autores Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, que fueron los que demandaron (a excepción del último) a la editorial Random House por plagio (?). Al parecer dicha teoría fue desmentida posteriormente por los mismos supuestos descendientes de Jesús que ellos citan. Pero todo el asunto no deja de ser plausible e interesante.
Brown cita a «The Holy Blood…» en su introducción como una de las fuentes de referencia de la novela. En realidad, usa toda la base de la teoría presentada en dicho libro para establecer la trama. Pero a eso no podría llamársele plagio.
El libro me pareció bastante entretenido e interesante como típico best-seller hasta que llegó al punto en que el simbologista Langdon termina enredado amorosamente con la francesita que (oh, sorpresa) termina siendo la recontratataranieta de Jesús (final más predecible no podía ser y me perdonan los que no la han leído). Como siempre el superhéroe gringo se queda con el chivo y el mecate y ¡tremendo mecate! Y al terminarlo pensé Este libro sería una buena película de acción y misterio. No la he visto todavía, pero espero que así lo sea. Lástima que no la hizo Spielberg.
Pero, bueno, el libro tiene un mérito como dice Khandika y lo cito:
«…Da Vinci se ha convertido en un poder frente a la verdad oficial. Más allá de una película polémica cualquier católico tiene que plantearse que existe una lucha entre el dogma y la heterodoxia. La verdad impuesta religiosa y la otra verdad oculta y herética. La otra verdad gnóstica, mágica, esotérica tan temida por la iglesia como poder-establishment.
Todo ese asunto sobre María Magdalena es tan sólo la reivindicación de lo femenino como inherente a lo sagrado. Es recordarnos que hubo un culto a la diosa duramente oprimido por Constantino en 325 para cimentar un modelo de creencias en lo masculino.»
Y le agregaría además que tiene el otro mérito de humanizar a Jesús. De darle dimensión terrenal. Capaz de amar y de procrear sin la mácula de pecado que conlleva el sexo según la creencia cristiana. Noción ésta que nos ha inculcado la iglesia a lo largo de los siglos y que está internalizada de tal manera que sigue siendo el sexo un tema espinoso de tratar. Un hombre que con tanta pasión predicó el amor al semejante y la compasión, se me presenta corajudo y viril, así como extremadamente inteligente y paciente con los apóstoles que fueron ganados por sus enseñanzas, una imagen que se me contrapone a la otra, andrógina, asexuada, perversamente frágil e indefensa de hombre sin testosterona en la sangre.
Una imagen masculina que por supuesto de asentarse en el imaginario colectivo traería un serio conflicto de branding a la iglesia católica, que se vende como institución llena de seres por encima de lo humano, más cercanos a lo divino, emulando la insipidez sexual de Cristo. En la divinidad, según la iglesia, no hay sexo.
La paradoja con este libro es que estoy segura de que Brown no tenía la más mínima idea de las consecuencias colaterales que iba a traer la ficcionalización de tamañas teorías. Y ya se sabe que no hay mejor propaganda que la de Hollywood. Así que lo que le viene a la iglesia es realmente de novela.
Esperemos a ver qué pasa con el Evangelio de Judas… De repente a Brown se le ocurre otra ficción con él y definitivamente mientras hace millones, desbanca a la iglesia con sus nuevos «evangelios» salidos calientitos de los talleres de impresión de Random House. ¡Ah! y no se pierdan la inmaculada concepción del hijo de un Papa mezclada con complejos edípicos mal orientados en esta centuria, en su otra novela Angeles y Demonios donde Langdon también es el héroe de la ¿película?…

