Que este crimen no quede impune

En Venezuela uno siempre se pregunta cuando le tocará la «lotería» del atraco, el secuestro y/o la muerte. Hay poca gente en Venezuela que puede decir que no le han asaltado o por lo menos a algún familiar o amigo.

Yéndome el 15 de enero me entero de que a un familiar cercano le hicieron un secuestro express en las Mercedes al que sobrevivió gracias a alguna extraña fortuna, porque apenas unos días después aparece la noticia del asesinato del profesor Antonio Francés luego de haber sido secuestrado y torturado. Hace poco menos de un año asesinaron al mejor amigo de uno de mis cuñados. El caso fue cerrado sin resolver. Hace quizás un par de meses Romrod fue asaltado dentro de casa con sus niños y esposa. Hoy tratando de ponerme al día con algunos blogs, leo que al primo de Afrael lo han asesinado unos policías y que tratan de encubrir el crimen acusándolo de narco, etc. y sembrándole toda clase de cosas en su vehículo luego de caerle a tiros, cuando era un padre de familia de 3 niños, dedicado a echar a su familia adelante. Enumero esto sólo para ilustrar el punto de lo cercano que pueden estar estos hechos a uno. También están los otros que no están cerca sino en la crónica de sucesos del periódico, o que nos lo cuentan amigos de las víctimas, pero que nos atañen a todos por igual porque todos somos también posibles víctimas.

Uno no termina de entender porqué estas cosas pasan, porqué la ley pareciera no existir, porqué la vida ha perdido valor en Venezuela. Uno ya no ve diferencia entre policía o delincuente y le teme a ambos por igual. Uno sencillamente apela a la «suerte» de que nada perturbe la burbuja de cristal que trata de construir para sí y su familia en búsqueda de la felicidad sencilla y simple. Pero cuando ésta es perturbada siempre es de forma traumática y a veces irrecuperable.

Ojalá se esclarezca el caso y se castigue a los culpables. Afrael esta haciendo todo el ruido posible desde su blog y creo que es de extrema importancia hacerle eco. Debemos entender que tenemos derecho a la vida y a que nadie nos la arrebate y el garante de ese derecho debe ser el estado a través de un sistema de justicia y una policía respetables y eficientes.

Nos preocupamos demasiado por diatribas políticas estúpidas y frecuentemente insustanciales y entretanto miles de familias en Venezuela pierden a sus seres queridos a manos del crimen cada año. Nuestras perspectivas de las cosas están equivocadas. Creo que, en general, no importa qué gobierno se tenga, la agenda ciudadana no puede ser meramente ideológica, ni política, sino de sentido común de lo que se necesita y hoy más que nunca Venezuela necesita que se le haga justicia a las víctimas del crimen. A los que sobreviven y a los que no.

Pedir justicia no es pedir demasiado, es sencillamente reclamar lo que debería ser normal en cualquier país donde el respeto a la vida y al ciudadano sea un valor. Empecemos por pedir que este crimen no quede impune como tantos otros, apelar a la decencia humana de quienes estoy segura aún trabajan en el sistema de justicia para hacerla prevalecer. La muerte de Pericles José Ortiz Calles no se puede remediar, pero sí se puede remediar el hecho de que sus hijos estén condenados a crecer sintiendo que este país no les considera como seres humanos dignos, que su padre les fue arrebatado sin sentido, con ensañamiento de violencia y que al sistema no le importa, que a nadie le pareciera relevante que eso haya ocurrido y que además tengan que verse enfrentados al miedo de la amenaza, a la persecución y el vilipendio del nombre de su padre.

La única manera de vencer la abulia y la resignación ante estos hechos es reaccionar contra ellos con nuestra voz e indignación, reclamando justicia para que la pueda haber. Si no lo hacemos, las cosas seguirán siempre como están.

A la familia de Afrael, la viuda de su primo y sus hijos toda nuestra solidaridad.

En ruta de nuevo al volver a Bangladesh…

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El Ávila al atardecer

Tuve un periplo de 5 días entre que salí de Venezuela y volví a Bangladesh. 4 continentes en 5 días. América, Europa, África y Asia. Aún ando pagando las consecuencias de jet lag y cansancio, pero bien valió la pena visitar a la familia, ver los colores de El Ávila de nuevo y caminarme alguito Caracas para confirmarme porqué a pesar de todo la amo. Caracas es como la familia, que la sigues queriendo aunque te trate mal.

Hubo encuentros con amigos blogueros. Nos «rascamos las orejas» entre varios, esta vez en vivo y directo, con cafés, tés y cervezas de por medio. Hubo despedidas también. Por una triste fortuna, dos días antes de irme, pude acercarme a decirle adiós a Adriano. Esto último le dio mayor melancolía a mi partida, porque irremediablemente los afectos se van, se desvanecen con la distancia y el tiempo mientras uno se engaña pensando que todo seguirá igual como uno lo dejó. El regreso hace notar con amargura que el café del Gran café ya no es el mismo, aturdido de crema con pepitas de colores en ella, que el bulevar ha perdido fachadas ante los avisos comerciales, que el centro ya no es el mismo, que ahora hay casas y edificios fantasmas por doquier, basura donde no la había, vandalismo desatado de grafiteros, avisos políticos rojos rojitos bien iluminados… otra Caracas dentro de la que es nuestra y añoramos.

En ese casi mes y medio en Venezuela, no escribí nada acá. Y una y otra vez me pregunté si tendría sentido seguir… porque la ruta de repente se me perdió entre tanto rollo político. Pero soy obstinada y terca. No he alcanzado ese punto de estar completamente contenta con el blog, de haberlo desarrollado como quisiera así que seguiré un rato más y posiblemente destierre la política a otro espacio donde le dé toda la atención que también me ocupa. Pero igual veremos que pasa. Todo puede cambiar y de hecho lo hace.

No tengo propósitos concretos para este año. No los tengo desde hace varios porque en mi vida siempre los cambios aparecen de forma inesperada y subrepticia, no sólo en las geografías dónde me encuentro, sino en los caprichosos climas interiores.

Tengo demasiadas entradas pendientes. Fotos que subir al flickr, etc…

Memorias de Adriano

«Mira, murió Adriano», me dice mamá al pasarme el periódico esa mañana, y yo perpleja no lo puedo creer. Porque Adriano es de esas personas que uno no espera que muera. Adriano inagotable, de demesurada memoria y generosidad.

Somos muchísimos los que tenemos deudas de gratitud con Adriano. Por sus clases que enseñaban a vincularnos a la literatura de otra manera. A recibir las palabras como un obsequio inesperado y estar dispuesto a maravillarse ante ellas, a degustarlas, decantarlas y dejar que se aposenten entre pecho y espalda. Su relación sensual con la literatura era contagiosa. Y por haber sido ese ser generoso de dar aliento al gérmen de escritor garabateado en los pedazos de papel que uno le pasaba con temor y expectativa, a ver si los escarceos con la ambiciada creación literaria tenían posibilidad.

Cuántos no fuimos los que nos íbamos con Adriano a alguna tasca o café, rodéandole como moscones a tratar de aprehender algo de este escritor de nosotros, que se nos presentaba como una ventana abierta e interminable hacia la literatura.

Adriano tenía una memoria prodigiosa. No es que se aprendía sus clases y las recitaba. No necesitaba aprenderse nada. Le bastaba leer algo una vez para poder recitar textualmente el fragmento o el poema en cuestión días después. Recuerdo una tarde en el Ateneo, cuando nos confiesa que sólo hacía poco se había leído Doña Bárbara, la cual por terquedades de la juventud había desdeñado como símbolo de la literatura con la que no se podía seguir en el país, pero que ahora la descubría en sus méritos y ¡zas! se arrancó con todo un pasaje, a rematar con un ¡qué vaina tan buena! y destacar el lirismo del fragmento en cuestión… y más tarde comentar un libro de poemas de María Auxiliadora Álvarez, declamar un par de ellos y soltar un lagrimón… Las lágrimas de Adriano en la emoción de recitar algo en clase o al grupo de amigos. También la de su tristeza que no supimos, que nadie supo aunque él intentara explicarla. La del silencio de años en que la pluma se le negaba o él se negaba a ella. Hasta que un día se reconciliaron de nuevo.

Una vez me topé con un artículo llamado Las Verdaderas Memorias de Adriano. Una crónica escrita por Bryce Echenique publicada en la revista Letras Libres de México hacia el año 94(?). Pensé que se trataría de la novela de Yourcenar, y cuál es mi sorpresa cuando leo que es sobre las aventuras del legendario Carlos Barral, Bryce, creo que Fuentes y/o Monterroso, y Adriano por las carreteras de México y América Central en un viaje de camino que hicieran juntos. Era una crónica de camaradería y alegría de vivir, una declaración admirada de afecto de Bryce hacia Adriano, donde sentaba lo que muchos pensábamos, que la verdadera obra de Adriano era su vida, llena de anécdotas e historias, elevada belleza y sombrías tristezas. Se la hice llegar y él no salía de su asombro, por no conocerla y emocionado por el texto de Bryce.

Tendremos siempre memorias de Adriano. Serán la de los que tuvimos la fortuna de conocerle, las memorias verdaderas, las de la anécdota insólita y la leyenda que seguirá caminando por Caracas, la de su saludo emblemático ¿Qué hubo, poeta?

Adriano se fue leyendo un libro con un café enfrente esperando a su hijo para el almuerzo, nos contó su hija Georgiana.

Una muerte gentil y amable, para quien gentil y amable fuera.

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Actualización:

Adriano González León en wikipedia en español

Adriano González León en El poder de la palabra

Entrevistado por María Luisa Páramo para la revista Espéculo

La deuda de la Barra con Adriano González León de Pablo Antillano

Otros testimonios de la blogósfera listados por Google

Caracas – Eugenio Montejo

Vista desde el Milleniumm de Los Dos Caminos, Caracas
Vista desde el Milleniumm de Los Dos Caminos, Caracas

Tan altos son los edificios

que ya no se ve nada de mi infancia.

Perdí mi patio con sus lentas nubes

donde la luz dejó plumas de ibis,

egipcias claridades,

perdí mi nombre y el sueño de mi casa.

Rectos andamios, torre sobre torre,

nos ocultan ahora la montaña.

El ruido crece a mil motores por oído,

a mil autos por pie, todos mortales.

Los hombres corren detrás de sus voces

pero las voces van a la deriva

detrás de los taxis.

Más lejana que Tebas, Troya, Nínive

y los fragmentos de sus sueños,

Caracas, ¿dónde estuvo?

Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,

ya no se ve nada de mi infancia.

Puedo pasearme ahora por sus calles

a tientas, cada vez más solitario;

su espacio es real, impávido, concreto,

sólo mi historia es falsa.

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Poemas Selectos. Eugenio Montejo
Colección Poesis. Bid & Co Editor. Caracas, 2005.