De los estudiantes, un general y la reforma

Ya la tolerancia a la protesta se está poniendo limitada y las estudiantes han empezado a recibir plomo en Venezuela. Una estudiante es acribillada por unos supuestos sicarios en LUZ. En el estado Lara, en Mérida, en Caracas y otros sitios del país se habla de heridos y un muerto como consecuencia de la protesta. Los estudiantes, al parecer, se están armando.

Un ex-general leal a Chávez, su compadre, héroe de los sucesos de abril del 2002, se pronuncia en contra de la reforma constitucional públicamente hace 3 días. La gente anda impresionada con el señor. Cómo siempre el venezolano chorreándose en su ropa interior por un militar. El fetichismo que tenemos por los uniformes no me deja de impresionar. La oposición anda emocionada con la posibilidad de tener «su» comandante. Yo digo, tarde piaste pajarito. Cómo es eso de retirarte 3 meses a «pensar» sobre la reforma cuando tenemos casi nueve años de excesos en progresión que apuntaban a un Chávez ávido de poder absoluto. Eso es la dichosa reforma. Pero es ahora que te das cuenta.

Una reforma que testimonia los delirios megalómanos de nuestro presidente cuando se arroga el manejo directo del dinero del estado sin contraloría de ninguna índole, decidir a dedo vicepresidentes regionales negándonos nuestro derecho a elegirlos, donde le cambia hasta el nombre a nuestra ciudad capital por algo tan ridículo como Reina del Guaraira Repano e intenta reorganizar geo-políticamente el país sin consultarnos. No hemos podido contribuir en nada a esta reforma porque se nos ha negado ese derecho. La disensión se ha recibido con mofa, descalificación e insultos. Nada de consenso, nada de consulta sino en los cuadros complacientes y sumisos a los deseos del presidente-comandante. Eso es la democracia chavista. El gobierno del presidente sobre sus sumisos «soldados» de su revolución y los demás que se las averigüen.

Ahora Baduel recibe los insultos, las descalificaciones, etc., a los que estamos tan acostumbrados quienes no aceptamos calarnos las imposiciones hasta en la forma de comer que el régimen quiere implementar. Dentro de poco nos habremos olvidado de lo que es un buen pan, y el café con leche lo tomaremos con leche de soya de Bolivia. Porque con todos los billones de dólares que entran al país no tenemos ni para abastecer de trigo ni leche a nuestra gente.

Ahí están los presos políticos sin recibir juicio. Llevan meses, años sometidos a vejaciones y el encierro en condiciones infrahumanas. Pero eso se justifica porque son enemigos de Chávez. Los derechos humanos no existen para los demás sino para los que se hayan asimilado al proceso. No nos olvidemos de los otros presos, los criminales comunes, esos están peor.

El chavista a rajatabla habla de guerra. El opositor a rajatabla habla de guerra. De guerra civil.

Parte de la población anda resteada de lado y lado.

Yo me pregunto si acaso el dolor de lado y lado será diferente cuando venga la hora de llorar los muertos. Si la bala tiene realmente un color político. Si el horror tiene ideología. Si la ideología no es sino una excusa para el odio.

La muerte iguala a todo el mundo. A los sobrevivientes les quedará la vergüenza de su costosa idiotez. La de restearse por o en contra de un hombre que no vale la vida de nadie.

Nuestro fetichismo por lo militar y autoritario no nos deja en paz.

Hoy habla un general y nos parece maravilloso. Y entretanto los muchachos reciben plomo. Los presos se pudren. No hay leche para los niños del país. Tenemos la amenaza de una reforma que nos legitimará un gobierno absolutista, autocrático y autoritario.

Ejerciten la memoria. Recuerden que este ex-general defendió a Chávez durante los sucesos de abril donde murieron y resultaron heridos venezolanos. Que su fidelidad fue siempre al proceso, a Chávez y su socialismo antes que al país. No me creo los repentinos ataques de conciencia.

Ejerciten su ciudadanía, léanse el documento de reforma y actúen conscientemente. No se trata de quién tiene la razón. De ceder terreno o perderlo. Se trata del futuro del país, de nuestra futura historia. Algo podemos hacer.

Enlaces:

Calles de Gaborone

Me llamó la atención el nombre de estas calles de Gaborone.

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Me encantaría que tuviéramos la calle Lapa, Cachicamo o Morrocoy Conchudo en Venezuela, en vez de los consabidos próceres, mártires y ciudadanos «insignes».

Joburg

Así es como llaman a Johannesburg por acá… Sólo estuve un par de días visitando a una amiga aprovechando la transferencia a Botswana.

El aeropuerto es de primera sufriendo una masiva recostrucción y ampliación para la Copa Mundial de fútbol en el 2010.

La ciudad se me antoja demasiado extensa… Se distingue claramente el centro por los edificios altos, de resto uno aprecia los suburbios de clase alta, los de clase media, los de viviendas subsidiadas de interés social y los «slums» … no sé si llamar a estos últimos barrios porque con el barrio o la favela tengo la impresión de que existe una dinámica social distinta, casi como un pequeño pueblo dentro de la ciudad. Los «slums» tienen otro ordenamiento y creo que mucho más carencias… quizás es una impresión errónea, quizás la dinámica de la pobreza es la misma en todas partes…

Saliendo del aeropuerto me atrapa la mirada, la planta de energía que usa carbón de combustible. Me recuerda una planta nuclear. No sé porqué pienso en los Simpsons. Y me imagino a algún Homero local yendo a trabajar todos los días para allá.

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[Vista de Joburg desde el avión y una de sus plantas de energía]

Todo me recuerda demasiado a Estados Unidos. El toque africano está allí pero lavado por los ingredientes afrikaneer e ingleses. Los suburbios con su propia vida. Sin relación con la dinámica citadina que hasta no hace mucho nuestras ciudades latinoamericanas conservaban en totalidad y que van perdiendo en la medida de que adoptan, como aspirantes a clones, el «american way of life». Todo muy confortable pero que le desapegan a uno de la comunidad, de la sensación de vecindad con el otro.

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[Mandela Square – en el centro de la ciudad. Los niños descalzos jugando con el agua en esta fuente a ras del suelo]

Los centros comerciales son de diseño moderno y están llenos de marcas internacionales y otras excelentes producidas en el país. Calles limpísimas, autopistas e infraestructuras impecables… una maravilla si uno no supiera de la existencia de Soweto, y de la miseria de una buena porción de la población, de la plaga del Sida que azota al país, la alta criminalidad y demás males que están intentando sortear.

Incluso el tradicional «braai» del domingo, la parrilla estilo surafricano, me referencian a los Estados Unidos. Y creo que en general los surafricanos se sienten afines históricamente a ellos. Los blancos llegaron a colonizar, no a explotar e irse, se convirtieron en africanos, pelearon por mantener una autonomía de los europeos, esclavizaron, desarrollaron una sociedad de injusticia contra la población local y la importada de Asia como mano de obra. Los suráfricanos originarios han adoptado también las maneras de los «africanamerican» de Estados Unidos. La forma de vestir, la música, en sincretismo con la cultura ancestral. Eso sí, aquí no hay mezcla. Aquí no existe la riqueza de la mezcla racial.

A pesar del repudio internacional, de los bloqueos, el país desarolló autosuficiencia y lograron superar el escollo de la infamia gracias a Mandela. La figura extraordinaria de este hombre y su mensaje de reconciliación y perdón es quizás una de las cosas que llenan más de orgullo a la gente. El horror del pasado está presente en los museos del apartheid, en los recordatorios que año tras año se hacen para no olvidar. Ya hay toda una generación de jóvenes que no conciben la realidad de ese pasado. Aún tienen mucho que hacer en cuestión de justicia social pero están en la vía.

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[La estatua de Mandela en su plaza]

Mandela es una suerte de paralelo de Martin Luther King, pero al contrario de Estados Unidos donde el sistema tiene maneras macabras de crear leyendas, la de Mandela vive y es la amalgama que mantiene el equilibrio del país distinguiéndolo del resto del continente en todo sentido. Uno se pregunta que pasará cuando muera. Si la aparente armonía continuará o si todo es sólo una olla de presión con la válvula trabada. Porque la sociedad a pesar de todas las políticas de integración sigue dividida y quizás los cambios no llegan con la premura con la que se necesitan.

Pude ver la final de la copa mundial de Rugby en un restorán. Había ingleses y locales. A la hora del himno sudafricano todos se pararon y lo cantaron a todo pulmón en las tres lenguas en que es cantado: inglés, afrikaneer y zulu. Me encantó ver al presidente Mbeki vestir la chaqueta del equipo, al contrario de los demás mandatarios presentes en el juego, y que abrazara, besara y luego se fuera a los vestidores con los jugadores. La sonrisa de felicidad no le cabía en la cara.

Este es un país lleno de problemas y contradicciones, pero altamente comprometido con su propio desarrollo. Su lema es «Proud to be South African«, orgulloso de ser surafricano. Una suerte de «a pesar de todo nos queremos a nosotros mismos, nos aceptamos y vamos para adelante embarcados en superar nuestros problemas en paz». Como con todo branding, la transparencia y coherencia con que se corresponde lo dicho con lo que se ve, lo hace exitoso. Veremos cuando Mandela no esté más.

Me despedí de esta breve estadía con amigos entrañables confiada en regresar pronto y ganar más impresiones de este país.

Aterricé en Gaborone sin equipaje -no llegó sino dos días después- a sortear 5 semanas de mi vida.