Bangladesh está convulsionado.
Ayer, unos policías mataron a rolazos a dos manifestantes.
Hay un paro en protesta que lleva 3 días. La coalición de 14 partidos de oposición dice que las autoridades electorales simpatizan con el gobierno y que no son imparciales. Que están truqueando las listas electorales. Este es el motivo del paro. Tampoco aprueban el gobierno «cuidador» de transición hasta después de las elecciones. Ello ha costado dos vidas ayer y varios cientos de heridos, aparte de daños materiales.
A la pregunta de si le preocupa la situación de crisis del país, el Jefe de la Comisión Electoral responde que porqué debería preocuparle.
Ya hay dos muertos. Ya hay dos razones. Unas muertes que serán olvidadas pronto. Unas vidas perdidas en vano.
Los puertos no han logrado descargar o cargar mercancía desde hace semanas debido a estos paros esporádicos que desde el domingo son un paro permanente. El comercio y la industria textil están colapsando. La industria textil depende de los envíos de sus producciones al exterior. Es la industria que proporciona los mayores ingresos a este país.
No se nos recomienda pasar con el carro más allá de estas zonas, donde vivimos extranjeros y diplomáticos. La mayoría se queda en su casa.
Hoy en la redoma de la avenida principal, a unas cuadras de aquí, había cerca de cuarenta policías en traje de antimotines, así como a todo lo largo de la avenida regados en pequeños grupos cada par de esquinas. No me quiero imaginar la cantidad para más hacia el centro, donde transcurren las protestas en la calle que son multitudinarias.
El poder es una trampa. Quienes lo alcanzan, terminan siendo tragados por él. Es una adicción que hace perder principios y escrúpulos. No parece haber hoy ningún líder en el mundo inmune a él. No parece haber manera de «razonar» al mundo para entenderlo. No parece haber manera de encontrar rectitud y dignidad en los gobiernos. Lo único cierto es que la gente siempre paga el precio.
Veremos qué pasa mañana.
