«Voy a gobernar con el pueblo y con los 26 millones de venezolanos, inspirado en Dios, rociado de agua bendita, muy lejos del diablo y del azufre (…) Contra Dios no puede nadie, y yo ando con Dios»… Manuel Rosales
Esta cita me dejó más perpleja que la tarjeta de débito Mi negra. Yo supongo que la estrategia de campaña de Rosales está asesorada por gente que sabe de estas cosas, y si de verdad piensan que este es el lenguaje y la manera de convocar al pueblo, estamos fritos.
Si no sólo piensan ello, pero además la estrategia llegara a tener éxito, entonces estamos re-fritos.
¿Será que la estrategia es demostrar que no hay un sólo Chávez sino muchos? ¿Será que de verdad piensan que a la gente pobre no se le puede hablar sino así, apelando a Dios y recitando coplas?
A lo mejor estoy equivocada, y quizás sobrestimo a la gente de Venezuela, pero creo que Chávez está en el poder no por su manera florida de hablar y su populismo nada más. El populismo te mantiene en el poder no te pone en él.
Chávez llegó a presidente gracias a una suma de circunstancias: el aura de heroísmo que su intento de golpe le dió, el apoyo de la parafernalia mediática y de los intelectuales quienes se le oponen en bloque hoy día pero que en el momento le lamían los pies, el asomo de ideología y activismo en contraste con dos partidos que se diferenciaban en el color solamente y cuyas palabras sonaban huecas e insinceras, el revanchismo del tono de su discurso contra la «oligarquía» y la clase media encendiendo los resentimientos, su histrionismo y emocionalidad a la hora de dar discursos (a más de una persona le oí diciendo que lloraba en los mítines de Chávez), una población que se iba empobreciendo cada día más y que se sentía olvidada y sólo recibiendo migajas dentro de una Venezuela opulenta y nueva rica (con todo lo que ello entraña), la involución de los partidos existentes transformados en organizaciones tribales donde los ascensos en la dirigencia siempre fueron obstaculizados por los viejos líderes que veían el poder político no como una responsabilidad sino como una piñata.
Una Venezuela donde las oportunidades se veían reducidas cada vez más; la educación y la salud, siempre gratuitas pero deteriorándose escandalosamente debido a la dolosa e irresponsable administración que las sumía en huelgas, pérdida de recursos y funcionamiento irregular y deficiente. La inflación exponencial que impedía la adquisición o alquiler de vivienda dentro de límites realistas, así como de otros bienes como automóviles y electrodomésticos, la especulación desmedida, el aumento de la criminalidad, el deterioro de la policía y el sistema de justicia, y el robo y abuso de poder descarado y desmedido que a todas luces la clase política venía cometiendo en Venezuela con la complicidad de todo el mundo. Y por último, sin que sea menos importante, el propio carisma de Chávez. Porque, de verdad, ¿si el por ahora del 4 de febrero lo hubiera dicho Arias Cárdenas en TV, esposado y derrotado, creen que lo tendríamos hoy de presidente?… Exacto.
La suma de las circunstancias le dieron a Chávez un aura de heroísmo dentro del imaginario de la gente más humilde. Esto en conjunto con su discurso inflamatorio, su histrionismo, la apelación a poderes divinos como Dios, los cuentos de sus conquistas amorosas, y sus supuestas visitas a babalaos en Cuba, etc, ha consolidado esa aura mítica alrededor de su figura que se ha traducido en todo un imaginario expresado en las artes populares. Esta gente siempre olvidada por todos, lo reverencia y ve en él a un mentor, a un protector todopoderoso que no tenía antes.
Cuando dije en el post anterior que se está convirtiendo en un producto del pop culture international no estaba siendo irónica nada más, sino previendo algo que ya ha sucedido en nuestro país. Chávez es un ícono de la cultura popular venezolana. A San Juan lo visten como Chávez y le bailan y sanguean en las fiestas de la Cruz de Mayo en algunos de los pueblos de Venezuela. Lo tenemos en tallas y pinturas ingenuas incluso antes de que tomara el poder en el ’99. Pésele a quien le pese, forma parte ya de nuestra cultura popular.
Chávez de extracción humilde, pero que «estudió» (en la única alternativa de los más pobres, la milicia) y se «superó», e «intentó» salvar a Venezuela en un fallido golpe de estado, dió ese primer impulso de empoderamiento a la gente más pobre como nunca nadie se lo había dado: aquí está uno como nosotros que casi pudo «salvarnos».
Su estrategia de formar milicianos civiles, las prédicas en los barrios, los entrenamientos para hacer catastros y darles propiedad sobre sus casas y ranchos en los barrios, la expropiación y repartición de tierras, la enseñanza de la constitución (similar a la anterior en mucho más de lo que la gente sabe), en combinación con las misiones y los círculos bolivarianos terminaron de empoderar a la gente, de darle las herramientas para autovalorarse, y valorar también lo que construyeron, su rancho, su casita, levantar los muchachos con sacrificio, etc. Que también diera carta blanca en su discurso para invasiones, abusos, ascenso de la criminalidad, etc… sí, pero eso ha sido la consecuencia lógica de ese flujo de poder que sintieron los que no tienen nada. Y la cual él aprovechó demagógicamente para consolidarse.
Chávez siempre ha sido auténtico y fiel a sí mismo. Siempre parece mostrar un interés genuino por la gente y siempre dice lo que piensa de impulso. Que se parara en la ONU a insultar no debe extrañar a nadie. Extraño sería que no lo hiciera. Está seguro de lo que dice y lo cree y le importa un rábano lo que piensen los demás. Su ego es demasiado grande porque sabe que sus seguidores lo idolatran, lo quieren y lo defienden. Ya se lo probaron en el post-11 de abril, las encuestas y el referendo (aunque haya dudas).
Y para agregar más a la suma, una oposición sobre la que restan comentarios, que aunque en algunos casos haya logrado aciertos, parecieran más golpes de suerte que el producto de una estrategia estructurada.
Competir contra esa suma de circunstancias que han consolidado a Chávez en el poder, va a tomar más que citar a Dios en los discursos y declaraciones de campaña. Las adherencias a Chávez son emocionales. Ante la sinrazón, sólo puede triunfar la razón… o la decepción que tampoco atiende a razones. La decepción de su gente sacará a Chávez del poder, de la misma manera que sacaron al bipartidismo y ello es un proceso que tomará tiempo. Desgraciadamente la oposición no ha contribuido en mucha medida a ello. Sólo ha reforzado la figura del presidente con la reacción llena de prejuicios a todo lo que él dice, porque la mayoría de esa oposición que se le hace también es emocional.
Al parecer lo único que nos queda es encomendarnos a ese «Dios» que «gobierna» con el uno, y si el otro queda, «gobernará» también con él. Y si este es el «gobierno con Dios», entonces que nos agarren confesados para el próximo, quede quien quede.
Y si ese «Dios» existe, entonces qué chiquito es.