Categoría: Divagaciones

Postales desde Botswana

Botswana tiene un cielo prístino. Es un país seco y las nubes son bienvenidas como la cosa más auspiciosa, porque significa que caerá el agua anhelada. Pula, el nombre de la moneda, significa lluvia en setswana, la lengua local.

Hacia la puesta de sol, la ciudad es envuelta en una atmósfera púrpurea degradándose desde el azul intenso que tiene por techo.

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Gaborone, la capital, es chiquitica. 150 mil habitantes.

El domingo la ciudad está desierta. Camino por ella en plena tarde y es como estar en una ciudad abandonada, pero nueva.

Disfruto de la luz al mismo tiempo suave e intensa. Los colores son inesperados. Antiguos. Veo varias iglesias. En días pasados me topé con una mezquita. La fe en estos parajes no falta. Cómo no tenerla con esta luz.solsobreiglesia.jpg

Luz que depara epifanías en el atardecer.

Me enamoro del árbol acá.

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De como luce el ocaso más allá, en la línea del horizonte de la ciudad.

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Nairobi – Botswana

Nairobi se empeña en estar gris. El fin de semana pasado pensamos que el frío estaba cediendo. El domingo fue un día soleado, fresco, en el cual el verde de la vegetación de la ciudad y el azul del cielo se impusieron como gritos de color. Pero el gris volvió el lunes y como plomo se impuso en el ambiente durante toda la semana. Estos dos últimos días ha estado fluctuante entre sol y nubes y lluvia.

Me entero por las noticias que Bangladesh está de nuevo bajo las aguas y que hay 8 millones de personas desplazadas y cerca de una centena de muertos. Hace tres años, por estas mismas fechas estuvimos una semana completa sin salir del apartamento, el agua llegaba a la cadera en las calles. La economía informal hizo negocio construyendo canoítas de madera, y los rickshaws florecieron como salvadores del transporte público. La gente pescaba en los jardines a los peces rezagados, una vez las aguas disminuyeron de nivel. Es así como los desastres naturales pueden acabar con cualquier vestigio humano. Así fue como el tsunami en Indonesia borró literalmente la provincia de Aceh. Así dicen que el calentamiento global borrará gran parte de Bangladesh.

Mañana salgo para Botswana. Será un viaje corto de trabajo, de unas 2 semanas, que antecede a otro par de viajes este año el doble de largos. Veré que me depara esa geografía. Por lo pronto tendré una estadía de 4 horas de tránsito en Johanesburgo, para luego volar a Gaborone. Leyendo la prensa electrónica de Botswana me entero de que ya están grabando la película del libro del escritor escocés, Alexander McCall Smith, The No. 1 ladies detective agency, y que la cantante Jill Scott es la responsable del papel de la protagonista de la saga de novelas, Mma Ramotswe.

El clima en Botswana parece que es más frío que en Nairobi en esta época del año. Aunque las predicciones de clima apuntan a un promedio de 22 grados en el día y unos 12 en la noche, la verdad es que se siente más frío que eso en Nairobi. En Botswana las predicciones están en 25 grados en promedio en el día y de 5 grados en la noche, la variación de 20 grados en un día la siento violenta. Así que voy preparada de invierno.

Tengo expectativas sobre este viaje porque no sé mucho de Botswana. Solo sé que la moneda se llama pula, que tiene un millón y pico de habitantes, que comparte el desierto de Kalahari con Namibia, su principal riqueza es la explotación de minas de diamantes, la cultura predominante es la Tswana y el idioma local mayoritario es Setswana.

Ya les contaré mis impresiones.

Pequeña crónica del extrañamiento

Es extraña esta llegada a Kenya. Me siento en casa.

En Dubai, una cajera del Duty Free, me pregunta por mi nombre. Que de dónde es. Le explico que es ruso. Me pregunta mi nacionalidad y le digo que venezolana. Que mi papá era ruso de origen y mi madre venezolana. Mira la cruz ortodoxa que me guinda del cuello y me pregunta si hablo ruso y le digo en ruso que un poquito. Me pregunta en ruso dónde vivo y le contesto que en Bangladesh. Me dice que yo la confundo y se ríe. Recuerdo a mi amigo mexicano, Cristóbal, que dice que soy una hippie de la globalización. Me encuentro con un amigo keniano en el avión de Dubai a Nairobi, conseguimos que alguien se cambie de sitio con él. Le cuento la historia de la cajera. No sabía que mi padre era ruso y le digo que cómo cree él que entonces parezco de la India, que la mezcla dió como resultado mi tipo. Nos reímos y le comento que en el aeropuerto en Dhaka, unas horas antes me hablaban en bangla asumiendo que soy bengalí, primera vez que me pasa en 3 años y medio. En Kenya es bastante típico que la gente de origen indio se dirija a mí en hindi o guyerati y algunos en swahili porque piensan que soy «asian«. No es que no parezca venezolana, en Venezuela me veo criolla, pero el resto del mundo no goza de tanta mezcla como nosotros. En el resto del mundo la apariencia coincide con los estereotipos que uno tiene de las nacionalidades. Pienso que quizás es que mi lenguaje del cuerpo, mis gestos a lo mejor ya no son de ninguna parte, ya no obedecen a ninguna localidad. Me mimetizo con las geografías. En Bangladesh asiento con la cabeza hacia un lado para decir que sí, uso mis cejas en Africa, levantándolas para lo mismo acompañadas de un Mmm, y mi inglés cambia de melodía según donde aterrice. Ayer le veo la cara de sorpresa a una peruana cuando le empiezo a hablar en español mientras exclamo ¡eres de mi parte del mundo!… Pero me quedo inquieta al notar que no me reconoció como tal a la primera mirada. Me preocupa este extrañamiento. Que aunque mi corazón padece de pertenencia, yo ya no lo parezca. Que me pueda sentir en casa en cualquier parte aunque la nostalgia por dentro, me mate.

Temblando en Nairobi

En Nairobi está haciendo bastante frío. Los días son nublados y oscuros. Desde que llegué el 7 de julio sólo hubo un día de sol en la mañana, de resto puro bucolismo en el ambiente. Y a ello contribuye lo boscoso de la parte de la ciudad donde estoy, Westlands. Los árboles son gigantescos. Mucho eucalipto, ciprés, pino, junto con las especies autóctonas, pero todas con ese tono grisáceo que se le impregna al verde cuando hay polvo en los caminos, polución y el peso del agua sin caer en el cielo. Pero los temblores no son por el frío.

Esta última semana ha temblado la tierra varias veces. Un volcán es la causa. El volcán, Mount Oldonyo, está en erupción en Tanzania cerca de la frontera con Kenya. Mt. Oldonyo se encuentra ubicado cerca del lago Natron en Tanzania en pleno Serengeti. Aunque no creen que habrá terremoto, las autoridades no descartan la posibilidad. Entretanto de vez en cuando bailan las sillas y los escritorios, o se nos zarandea la cama y se mecen suavecito las lámparas.

Para los curiosos pueden ver el detalle de lo del volcán en este enlace.