Persecusión y vigilancia

Habitación de Ajmátova en Fontanka en San Petersburgo. 2015.
Habitación de Ajmátova en Fontanka en San Petersburgo. 2015.

Cuando leo cosas como ésta, pienso que nuestro entorno literario debería leer a los poetas rusos de principios del pasado siglo. No tanto su poesía como sus diarios y testimonios. Por un lado para estar atentos al horror, aún peor en que se puede convertir esto, y por otro a lo realmente descarnado que significa ser poeta bajo el terror de la persecusión y la vigilancia.

El año antepasado me leí el primer tomo de los diarios de Lydia Chukovskaya, Los cuadernos de Ajmátova, y visité luego la casa de Ajmátova en San Petersburgo, hoy museo. Entre el libro y lo narrado en la guía del museo, sufrí una contracción de dolor que no puedo describir a cabalidad.

Vi la vida de mi abuela reflejada en ese horror de pérdida, vi la de tantos rusos de la colonia venezolana con sus historias de despojo y nostalgia. Y casi que vi al país en la posibilidad de que suframos un horror similar, al que cada día pareciera nos aproximamos más. Pero aún no estamos allí, ni estamos en los niveles de África tampoco. Aquellos que pregonan que sí, realmente no tienen idea de qué tan terrible puede llegar a serlo.

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